Herramientas para abordar una nueva etapa de la vida

Nueva edición del «Programa de acompañamiento a la jubilación»

Desde el año pasado, ADUBA cuenta con un programa de acompañamiento orientado a ayudar a aquellos docentes próximos a jubilarse, o que lo hayan hecho recientemente, a transitar por esta etapa, reflexionar sobre ella,  construir proyectos, y brindar información sobre las jubilopatías y cómo prevenirlas.

El curso es coordinado por profesionales de la Cátedra Psicología de la Tercera Edad y Vejez de la Facultad de Psicología de la UBA y está a cargo de Ricardo Iacub, que es Doctor en Psicología y profesor asociado de esa cátedra. En esta entrevista, nos cuenta de qué se trata el curso y cuál es su importancia, al tiempo que desvela los principales conflictos que pueden acaecer en esta etapa singular de la vida, a la que los docentes universitarios deben enfrentarse. 


Herramientas para abordar una nueva etapa de la vida
Ricardo Iacub, es Doctor en Psicología y profesor asociado de la Cátedra Psicología de la Tercera Edad y Vejez de la Facultad de Psicología de la UBA

Ricardo Iacub: El curso busca que los docentes universitarios tengan un programa de preparación para la jubilación. La idea es que en el tiempo previo a la jubilación o, en algunos casos, en los momentos apenas posteriores a ésta, mediante este programa se pueda ayudar y orientar a la persona a comprender, aprehender, qué significa esta etapa de la vida.
Hay una investigación británica realizada en el 2017 que indica que el 25% de las personas que se jubilan tienen malestar, síntomas depresivos, ansiedad. También pueden tener enfermedades concomitantes, lo que de una manera muy simple se llamó “jubilopatías”, que da cuenta de este proceso en el cual la gente se enferma a partir de la jubilación.
Estas prácticas, que pueden denominarse de “psicología comunitaria”, permiten que una persona pueda revisar y comprender sobre esta nueva etapa y desarrollar proyectos, tener recursos para poder sobrellevarla.
El caso de los docentes universitarios, las estadísticas los muestran parte de los grupos más afectados por la pérdida de su empleo, porque es un trabajo con mucho prestigio y, además, porque el nivel de esfuerzo físico no es tan complicado para una persona mayor. Es decir, no es lo mismo jubilarse en Techint trabajando con maquinarias, donde quizá al ser mayor se puede perder la velocidad o la fuerza, que trabajar como docente universitario; especialmente aquellos que tienen más responsabilidades dentro de las cátedras, más prestigio y más recursos.

-Puede entenderse, entonces, que el trabajo se erige como uno de los principales modeladores de la subjetividad, ¿Estos cursos están destinados a trabajar, de alguna manera, con ella?

R.I.   – En realidad lo que nosotros hacemos es apoyar un proceso de duelo. Lo único que tenemos los seres humanos para poder hacer algo con esto singular que nos pasa, de aquello que creemos ser y de aquello que perdimos, es el duelo.
Pero este duelo no es lo mismo si se transita en soledad, que si se lo hace en grupo. Primero, porque la jubilación es un proceso en el que, como muchos duelos, se suele tener la apariencia de que le ocurre sólo a uno. Entonces, cuando se encuentra con otro y ve que le está pasando lo mismo, baja un poco la tensión del dolor.
Por otro lado, se puede caer en la ilusión narcisista de “conmigo va a ser distinta la cosa”. Se tiende a pensar que la situación es particular, que “algo que pasó hizo que le dieran la jubilación a otro” o que los empleadores no tuvieron en cuenta cuánto valía esa persona. En realidad se tiende a buscar algo que particularice, y que las cosas se digan de otra forma. 
En este punto, nosotros lo que intentamos es que estas cosas lleguen de otra manera, sabiendo los efectos disturbadores que esto tiene en la persona. Por ejemplo, tratamos de que tengan una reunión que se puedan prever estas cosas, de llamar por teléfono antes de que llegue el telegrama, para que no haya efectos o tratar de evitarlos. Pero al mismo tiempo entendemos que la carta o la intimación no puede ser amable o distinta, porque son textos legales, pero sí se pueden cambiar algunas cuestiones.
Entonces la primera parte tiene que ver con revisar la tarea del duelo por lo que se perdió, por lo que fue, pero que al mismo tiempo permita reencontrar otras alternativas de lo que se puede ser. Entonces, en este sentido, la función del grupo es una función moderadora a nivel emocional porque te permite entenderte con otro, reirte con otro, encontrar alternativas que de otra manera uno no las tendría. Y al mismo tiempo nosotros lo que hacemos es una labor de capacitación: tratamos de explicar qué es lo que pasa a lo largo de la jubilación, para que quienes asistan puedan entenderse y recuperar a través de ella qué cosas se van a reestructurar: las relaciones de pareja, las relaciones con los hijos, los cambios a nivel reconocimiento y cómo se ubica la persona en esto.

– ¿Cómo vive el jubilado o la persona próxima a jubilarse desde su autopercepción?


R.I. –  En realidad lo que se vive es un quiebre definitivo. Se termina una etapa de la vida. Nosotros trabajamos mucho con la noción de “crisis vitales”. Pero, en términos generales, si bien las personas pueden sentir que están esperando ese cambio, al mismo tiempo ante esa crisis vital las referencias de cómo manejarse, que durante gran parte de la vida sirvieron, ahora ya no sirven. Hay que pensar que la jubilación, por ejemplo, suele dejar a las personas con un tiempo libre que no se tuvo nunca antes, porque en realidad desde el jardín de infantes hasta el trabajo fue un tiempo administrado por otro, básicamente. Y de repente alguien abre una puerta y dice “sos libre” y uno piensa “¿Y ahora qué hago con esta libertad?”. Y en realidad es toda una definición de sí mismo que se pone en juego, de qué hacer y cómo hacerlo.

– Más temprano mencionabas investigaciones que brindan datos sobre ésta temática. En el caso de los docentes universitarios, ¿tienen información específica que permita esclarecer su situación?

R.I. – Lo que nosotros vemos es que no es lo mismo un profesor titular, donde no hay que corregir, por ejemplo, que aquellos profesores de jerarquías menores, que tienen que llevar tareas que no les gustan, entonces irse no es lo mismo.
En este caso la dicotomía femenina/masculina no se nota tanto, como sí sucede en otros ámbitos. Aquí, en términos generales, la mujer está mucho mejor posicionada para la jubilación, porque a lo largo de la vida suele tener la doble demanda de ser madre y ser trabajadora, lo cual genera mucha presión de uno y otro lado, entonces se vive la jubilación muchas veces como una alegría. En el caso de los hombres en general, parte de la masculinidad se construye con el destacarse laboralmente, toda la forma de realización masculina, con lo cual es más difícil porque las proyecciones que pueden armarse están mucho más regidas por esta identidad central que se constituyó en el trabajo.

–  ¿Cambia la autopercepción?

R.I. – Sí, cambia. Para nosotros, el hecho de poder dar información positiva hasta el envejecimiento es que se entienda que se puede ser parte de un grupo que no genere puro rechazo. En términos generales, en nuestra cultura, ser viejo es lo peor que puede pasarle a alguien. Entonces se busca poder identificar figuras, representaciones, grupos donde las personas vean que hay gente interesante y que puedan surgir cosas que sean divertidas.

– Al inicio de esta entrevista comentabas algunas repercusiones que esta problemática puede tener en la salud. Teniendo en cuenta eso, ¿se espera del Estado un rol específico? 


R.I.– Estamos hablando de que esto incide en la salud pública. Las cifras indican que un 25% de jubilados y jubiladas son afectados. Además, hay que tener en cuenta que hay otros a quienes también les aqueja. Incluso estos programas sirven para ellos, porque en realidad mucha gente que quizá no tiene síntomas muy marcados en cuanto a jubilopatía, depresión o ansiedad, igualmente les sirve para poder realizarse, para poder entenderse y para poder planificar mejor lo que va a hacer en esta etapa.
Entonces, lo que tenemos que entender es que estamos hablando de salud pública. Por lo tanto debería ser un derecho de las personas recibir estos niveles de asesoramiento, de elaboración, de producción de saberes en relación a esta etapa de la vida. Tenemos que ver de qué manera introducirlo, pero sí, tiene que ser una práctica del derecho laboral, y los sindicatos deben tomarla.

R.I.- Uno puede pensar, por todo lo que dijiste, que la soledad está cruzando todo esto… que se trata del miedo, en definitiva, a quedarse solo…


Es más que solo. Es solo y sin proyecto. Hay un informe en el que se señala que hay alrededor de 10 millones de personas en el Reino Unido que se sentían solos y solas y que a veces ven cada dos meses una persona. La mayoría de estas personas eran mayores, porque eran quienes están ya jubilados, tienen problemas auditivos, o problemas de movilidad y viudez. Todos estos, factores clásicos de la soledad. La dificultad es intrínseca de la soledad. Es más barato invertir en que la gente se socialice tardíamente y de distintas maneras, que los costos que tiene esto para la salud. Lo que se va a entender dentro de un tiempo es que si uno está solo es un peligro y tiene que ir a un lugar para hacer amigos, o para socializar. Esto todavía no está del todo aceptado, y por eso muchos adultos mayores pueden sentir mayor soledad sin entender que esto es grave. Así como se suele ir al médico cuando duele el lunar derecho, no se suele ir al médico cuando uno se siente solo. ¿Porque? Porque todavía no se cree que en realidad la soledad es mucho más grave de lo que se piensa. Pero esto lo digo como para la construcción de un simbólico distinto que haga que la gente pueda tener un nivel de expectativas distinto.


ADUBA relanza este taller el 7 de octubre, pautado en ocho encuentros.
Para más información ingrese a aduba.org.ar/programa-de-acompanamiento-a-la-jubilacion